sábado, 19 de julio de 2008

Homo viator ...


Hace un tiempo escribí una entrada a la cual llamé “jardín secreto”. Lo menciono porque hoy, me senté en la banquita a pensar, extrañaba ese diálogo conmigo misma, en donde trataba de visualizar una situación desde diferentes puntos de vistas, para buscar una solución a un problema, que por lo general era mucho más pequeño de lo creía, y como siempre después de la tormenta, salía el Sol, luego me reía de lo ridículo que había sido pasar noches en vela por un asunto que no lo merecía, pero que sí me hizo crecer mucho como persona. Lo último lo descubrí esta tarde… hacia memoria de todas las “Cami” que han existido en mi vida, hay muchas de ella a decir verdad, en cada etapa fui alguien distinto, desde una “ñoña” hasta una atrevida “Show woman”, pasando por diversos gustos musicales, forma de vestir y la gente con la cual me juntaba.
Pero mas allá de lo exterior, me siento alguien distinta, llena de nuevos sueños, expectativas, gustos, prioridades e intereses.
Miro a mi alrededor, solo estoy yo en la banca, con una maleta de la cual sacó un álbum fotográfico en donde millones de caritas, todos ellas me resultan familiares, me sonríen, me hacen recordar que estuvieron ahí conmigo en una etapa, acompañándome, ayudándome a parar cuando estaba en el suelo, me abrazaron cuando quería llorar y no me lo permitía, o simplemente nos reíamos por “las cosas de la vida”.
Me da pena saber que muchos de ellos ya no están… todos tomamos caminos distintos los que nos llevaron a empezar nuevas etapas, pero aún así lo encuentro injusto ya que si lo solo fueron 2 meses o 4 años, compartimos un trozo de estos caminos, que quedan registrados en nuestra memoria y en sueños o caminatas, salen a la luz.
En fin, creo que las personas, todas maravillosas y especiales, tienen un protagonismo en un ciclo, etapa, momento o como quieran llamarlo, nos enseñan cosas, vencemos miedos juntos y nos hacen crecer, pero su función termina y se van, no porque lo queramos; sino, por que el destino o Dios así lo quiso. Y es tiempo, que emprendamos el vuelo hacia otro rumbo, pero esta vez solos, dejando atrás muchas personitas que aunque nos aferremos a ellas con todas nuestras fuerzas, tienen que partir.

Por otro lado, ahora mis preocupaciones son otras, ya no solo pienso en el capítulo anterior de “Hey Arnold” o “Dragon Ball” mientras voy en la micro, si no que trato de memorizar todos los nervios espinales y su ubicación en el bulbo raquídeo para que un profe , con esa estúpida voz me diga “Sigrid” deje de soñar y estudie. Mi botella de agua la cambie por un café, pero no cualquiera si no que un capuchino de vainilla, muchos cigarros y ojeras. Tengo días más largos y las noches casi ya no existen, pero me siento orgullosa, amo lo que hago y con quienes estoy ahora. Me gusta levantarme en la mañana, y saber que todas mis responsabilidades son porque yo las elegí, y el cumplimiento de ellas, me están haciendo madurar y darme cuenta de lo importante que eran esos 5 minutos que antes le imploraba al despertador que se detuviese… no importa lo que hagas, si no, que seas feliz, como me suele decir mi padre.

Mis gustos, se han refinado un poquito…. ahora como completos en la cuneta ^^
Disfruto de cosas más simples, como un asiento en la micro, una sonrisa en el metro o ese violinista que se pone es la estación República por la tarde a tocar.
Sin dudas, he cambiado, no sé si para bien o para mal, pero estoy conforme; Quizás mi esencia esta intacta, sigo con el mismo brillo en los ojos, algo miedosa, perfeccionista e infantil, sigo visitando los mismos lugares, solo que ahora lo hago con personas diferentes, pero, esa tonta risa cuando me pongo nerviosa y mis mejillas rosadas siguen intactas, son mi sello personal…
No pude evitar que ciertas cosas, me entristecieran un poco, pero las guardo en el bolso junto al álbum fotográfico y muchas historias. Todo esto es mi equipaje, para un largo viaje, sé que será difícil, pero me siento tranquila, confío en mis pasos y decisiones. Trataré de recordar siempre este consejo: “hay muchas cosas buenas que están esperado por ti”, espero llegar a la meta, y que al llegar a ella, aún estés a mi lado.

Sólo quiero dar las gracias a todos a aquellos que han estado, aunque solo haya sido un momento, en mi vida. A cada uno, les recuerdo con mucho cariño.



Adiós.

sábado, 5 de julio de 2008

4 Estaciones...


Ya eran 35 los inviernos vivídos cuando bebió aquel trago amargo acompañado de unos atípicos “canapés”; Con su largo abrigo rojo y un cigarro entre los dedos salió del departamento.

El día estaba nublado y frío, parecía que el cielo se iba a empezar a caer en gotas, pese a esto, ella no lo sentía, caminaba por avenida Providencia, que estaba sumergida en la humedad invernal, aunque había estado ahí mil y una veces, hoy todo lucía distinto.

Veía niños jugar en las pozas de agua, que parecían esquimales con tanta ropa, se ría de ellos, más bien de sus madres, un poco de frío no les haría daño. Se preguntó como seria ser mamá, o tener una familia, aunque tenia una vida llena de lujos y conocía todo el mundo se sentía esclava del aburrimiento y la soledad. Pese a que siempre fue parte de un selecto grupo social, el estar rodeada de gente la hacia sentirse más vulnerable a una realidad cada vez más asfixiante.

Se sentó en una vieja banca, desde donde se entretenía mirando el juego de las cascadas de agua en una pileta, el sonido de estás aplacaba el bullicio de la selva de cemento.

No se había percatado, que un sujeto la miraba con atención, aunque era atractivo, no pertenecía a su limitado círculo de amistades.

Se sentó junto a ella… conversaron de trivialidades y cuando dejaron de hablar del clima el silencio se transformó en lazos que unieron ambos caminos , sellando el encuentro con un largo y apasionado beso, cuya magia pudo vencer los parámetros cronológicos y cósmicos ; todo estaba rodeado de flores , un sol tibio y una suave brisa le anunciaban la primavera . La naturaleza le parecía sonreír.

Besó al desconocido por última vez, sus cuerpos se separaron y volvieron a sus rutinas. Ella, dio media vuelta y caminó hacia su departamento.

En el trayecto, un calor enorme la hizo despertar de aquel encuentro, el astro mayor le aplaudía en el rostro, de los árboles se desprendía un olor a frutas que penetraba fuertemente en sus narices, haciéndola imaginar (o eso creía) olas dentro del ascensor, una sensación casi orgásmica, la hacia subir hasta el límite de su cordura.

Al abrirse las puertas del ascensor, todo desapareció, una prueba de ese cálido verano se perpetuaba en un olor a bronceador que la acompañó hasta la puerta.

Al llegar, se desnudó, puso música, un poco de los “Bangles “no le vendría mal pensó, encendió un cigarrillo, todo por última vez.

Se recostó sobre la cama y luego todo empezó a darle vueltas, las paredes parecían compenetrarse dando a luz a colores nunca antes vistos, parecía un arco iris de otra constelación…

Cerró sus ojos y suspiró, se sentía satisfecha por aquella delirante experiencia, todo había terminado.

El cielo se cubrió de gris, las hojas se convirtieron en oro y por el peso comenzaron a caer; las primeras lluvias de otoño, despedían a Consuelo.