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Hace un tiempo atrás, vi una película sobre una niña que se encontraba un pequeño jardín detrás de un muro cubierto por arbustos y helechos, con una banca, una pileta y mucho verde en todo los matices posibles de imaginar y como siempre, las flores que daban el toque de felicidad y tranquilidad que la niña sentía cuando se refugiaba en él. Solo ella sabía de aquel lugar.
A veces pienso, que todos somos dueño de un jardín así, quizás no en un sentido tan literal, pero sí en lo que respecta a su existencia, el cual es guardado como uno de nuestros más grandes tesoros…
Algunos esconden en él sus miedos, inseguridades, temores de infancia , defectos, debilidades o simplemente momentos especiales que se niegan a ser historia . Pero al ser “nuestro jardín" , son muchos los que no quieren que sea descubierto , o bien , solo un grupo reducido de personas logra entrar . Ocupando para ello las más variadas cerraduras … algunos optan por una gruesa capa de hielo , difícil de romper siempre asociada a un silencio abrumador ; otros en cambio por una superficialidad que hace casi imposible que algo valioso crezca en él , algunos en cambio , niegan su existencia , olvidándose de él temporalmente, pero quieran o no , fantasmas hacen revivir todos los tesoros que optaron por enterrar en vez de albergarlos como parte de ellos mismos.
Para ser sincera , hay mucho que preferiría olvidar, cosas que me dañan, otras tantas que no logro entender y pérdidas que solo reconozco como importantes mientras me siento en la banquita del jardín a pensar , así mismo hay millones de otras cosas que me llenan de felicidad, momentos únicos , personas valiosas que aunque tuvieron un protagonismo en el pasado las quiero demasiado , miedos que quizás ,me ayuden a actuar con más cautela en “una próxima vez”, o sentimientos difíciles de sobrellevar …
En fin, la sumatoria de todas estas, le dan vida a mi jardín, secretos que lo hacen especial y distinto al resto…